Memoria en serio: Hablando de capitalizaciones… Cuando Pinochet salvaba a Canal 11

El libro “El canal de la Chile”, realizado por dos estudiantes de la casa de estudios y que cuenta la historia de la televisora del chuncho desde sus inicios hasta la venta de la estación en 1993, habla de las veces en que la dictadura de Augusto Pinochet salvaba a la estación de la pantallita e incluso la usó como plataforma propagandística, junto con TVN, Radio Nacional de Chile y el Diario La Nación.

El libro “El canal de la Chile”, realizado por dos estudiantes de la casa de estudios y que cuenta la historia de la televisora del chuncho desde sus inicios hasta la venta de la estación en 1993, habla de las veces en que la dictadura de Augusto Pinochet salvaba a la estación de la pantallita e incluso la usó como plataforma propagandística, junto con TVN, Radio Nacional de Chile y el Diario La Nación.

Para empezar y comenzar a entender todo este “tejemaneje”, remontémonos a marzo de 1983: La crisis económica luego del fracaso de las medidas neoliberales impuestas por los “Chicago Boys” el año anterior incidieron en muchas empresas y la televisión no fue la excepción. Los canales 5 y 11, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad de Chile respectivamente, fueron los que más recibieron los embates del fin del dolar a $39 y el descalabro financiero que produjo la devaluación del peso.

En el caso de UCV TV, se restó de la competencia tradicional pasado a transmitir desde la sobremesa a la medianoche, cerrando emisiones los sábados. Junto con ello reordenan su programación pasando a ser canales “culturales”. Para marzo de 1983, Teleonce transmitía solo 7 horas diarias, a diferencia de las 18 de lunes a jueves que duraba su emisión dos años antes.

Sumado a ello, en la gerencia de programación Alfredo Lamadrid renuncia a su puesto cediendo su lugar a la periodista Marta Blanco. “No creo que haya sido muy buena, porque la sintonía bajó estrepitosamente” declaró el hoy conductor de “Cada día mejor” de La Red. Sumado a ello, la flamante nueva ejecutiva anunciaba en entrevista a El Mercurio: “Una aclaración: nosotros ya no nos llamamos más Teleonce. Ahora nos llamamos Corporación de Televisión de la Universidad de Chile, Canal 11”.

Blanco recuerda: “La televisión en Chile fue una intención cultural, educacional. Por lo menos una tercera parte de las horas debía tener una intención educacional, a mi parecer. Nunca pude lograrlo, tenía programas, pero no hubo caso”. Ella además venía del mundo de las letras: Era escritora, era subdirectora de la Revista Paula y su único acercamiento a la TV fue su rol en “¿Quién soy yo?”, el programa concursos que conducía Enrique Bravo Menadier a fines de los 70s en el canal nacional.

Canal 11 pasaba por un delicado momento económico por lo que la apuesta de hacer un canal “cultural, educativo y universitario” era arriesgada. “Teleonce tiene un déficit aproximado de 45 millones de pesos. Al hacer televisión en estas condiciones, ¿no es peligroso que la gente relacione cultura con pobreza?” le pregunta un periodista de El Mercurio, a lo que Blanco responde: “Yo personalmente no lo veo así, porque se suele confundir en la TV chilena los grandes medios con los grandes resultados. Pienso que la pantalla misma sirve para que se juzgue la gente. A mayor gasto no ha habido mayor resultado. Creo que podemos hacer una televisión excepcionalmente digna con medios no excesivos y utilizando algunos elementos que han sido, quizá, pasados por alto”.

“He aceptado el cargo como Directora de Universidad de Chile Televisión porque me parece importante que un civil esté a cargo de la estación, sobre todo considerando la historia de esta casa de estudios. Para mi esta es la universidad de don Andrés Bello, y la universidad de don Andrés Bello fue, es y debe seguir siendo una entidad humanista” fueron las palabras de la ejecutiva en Inés Matte Urrejola 0825 a sus trabajadores, que no la recibieron de la mejor manera. Su idea era potenciar los programas periodísticos, de entrevistas y las transmisiones de eventos en vivo.

En los primeros días de su gestión saldrían al aire programas como “Persona a Persona”, “Proyección” y “Documento secreto”. Pocos días después de su asunción declaró a la prensa: “no seremos siervos de la sintonía, (esta) no puede imponernos conductas”. “El dinero y el rating vendrán después” agregaría Patricio Bañados, reconocido rostro cultural y quien saldría al poco tiempo del canal por reducción de gastos, fue uno de los primeros en renunciar. Como era de esperarse, la programación no dio los resultados esperados y no generó impacto alguno en las teleaudiencias. Este esquema programático era visto como obsoleto y poco atractivo, los cuales formaron una mala mezcla con una Blanco tildada de derechista.

En él, llega el primer salvataje desde La Moneda. “El Gobierno había ofrecido un millón de dólares para mantener con vida al canal y yo entré a pelearlos” dijo Blanco. El dinero y el rating que prometió Bañados jamás llegó a verse en Canal 11 y se recibió un fondo anual de 100 millones de pesos, los cuales se gastaron antes de los primeros cinco meses de funcionamiento. 

Ese 1983 se consigue el millón de dolares para mantener con vida al canal de la “U”: “Expuse sobre televisión ante el señor Pinochet y sus colaboradores, pero al momento de hablar de platas le entregué el testimonio a Melnick. En dos minutos se metió al bolsillo a todo el salón y nos firmaron el cheque, que nos permitió pagar algunas deudas e invertir en la estación”, recuerda la ex ejecutiva. Efectivamente, y pese a la reticencia que generaba Blanco en determinados grupos políticos, el Ministerio de Hacienda aprobó para diciembre un suplemento presupuestario de 476 millones de pesos para el financiamiento de Universidad de Chile Televisión, según una modificación a la Ley de Presupuesto prevista para 1984. Del total, se destinaron 200 millones para que la Casa de Bello inyectara a la estación y los otros 276 millones como abono a entidades bancarias por compromisos financieros adquiridos. El origen del déficit del canal es un préstamo muy antiguo que se hizo a través del Ministerio de Hacienda, vía Banco del Estado, hacia la Universidad, y que generó una deuda superior a la proyectada, debido a la crisis económica nacional e internacional, la cual derivó en un alto costo financiero” declaró Blanco.

Posteriormente llegaría como vicepresidente ejecutivo del canal Sergio Melnick, destacado miembro de “Los Tucanes”, quienes eran ingenieros que se reunían en las dependencias de la universidad para asesorar a la dictadura en cuanto a privatizaciones. Blanco sale en marzo de 1984 por desacuerdos con el hasta hace poco panelista de “En buen chileno” del 13, quien expresó su desacuerdo con la línea de prensa que para el oficialismo era “muy abierta y progresista”. Luego de la salida del director de prensa Roberto Undurraga, también por desacuerdos con Melnick, el canal recibió el primero de dos aportes de 50 millones de pesos por parte del Ministerio de Hacienda.

Melnick matiza un poco la programación cultural con series policiales y comedias como “El show de Benny Hill” y “Tres son multitud”. Además se sumó la contratación para la lectura de noticias de Raquel Argandoña, que según el hombre fuerte del 11, era un bálsamo en un piélago de calamidades”. “Es una buena lectora de noticias y muy buena moza. En el mundo de tanta tragedia que estamos viviendo, ver el noticiario es una cosa tremenda. Había que buscar algo que hiciera soportable esa tragedia universal que vivimos” declararía, justificando el voto hormonal que motivó su contratación.

Los constantes cambios de ejecutivos y de orientación programática hicieron del 11 un canal sin identidad, cosa que ocurre en la actualidad con varias televisoras como Canal 13. A ello se suma la idea de que la gente no quería ver contenidos que solo le interesaban a los editores periodísticos, sumado a una concepción elitista de la cultura y los contenidos educativos. La enésima redefinición llegó en 1986 bajo el mando ahora de Juan Pablo O’Ryan, postulando que la corporación debía utilizar los escasos recursos profesionales y humanos para hacer una televisión “digna, sobria y universitaria”. La audiencia condenó este sinfin de cambios, sumado a un avisaje que no crecía en absoluto.

“Es ilusorio pedirle a una estación que intente hacer negocios cubriendo contenidos que no son rentables. Es lo mismo que le pasa a Canal 7 en la actualidad, cuando se le pide que practique el autofinanciamiento y tenga rating. Alguien tiene que asumir ese costo. La Universidad de Chile lo hizo por un tiempo, pero si una institución quiere tener un canal, más aún orientado al área cultural, el tema pasa a ser un costo más que una actividad que genere beneficios monetarios” declara al libro Marcelo Comparini, quien ingresó a la estación en 1987 después de egresar de la Escuela de Periodismo de la universidad laica.

A ello se le suma que Canal 11 tuvo la fama de “oficialista”, el que se reafirmó luego de que asumiera la dirección de prensa Iván Córdova, quien venia desde la Dinacos. Incluso por esos años -fines de los 80s- se llegó a emitir “Usted pregunta, el presidente responde”, que era un claro espacio propagandístico de la dictadura. La televisora fue conocida como un medio de comunicación poco ético y manchado de politiquería facilista.

Este seria uno de los tantos salvatajes del dictador a medios afines. Otros serían a TVN desde 1983 para paliar su déficit presupuestario e instalar antenas en varios lugares para llegar con “el mensaje oficial” a todo el país, y durante fines de esa década a Agustín Edwards, dueño de El Mercurio, y a la familia Picó Cañas, entonces poseedores de La Tercera, ya que no podían dejar caer los medios más afines a la figura del “primer infante de la patria”.

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