Nadie es amado ni odiado por azar

Plaza y Rosenthal son dos ejemplos de que mientras en un caso la polémica, la verborrea y la bravuconería terminan hipotecando años de carrera y prestigio, la otra siendo más jóven no solo es el mejor ejemplo de que la meritocracia en el espectáculo chileno si existe, sino que de eso que tanto nos gusta tener como lema en este sitio: El talento siempre vence. Y esperamos que siga ganando.

La siguiente es la historia de dos artistas opuestos no solo en el género -musical y sexual- sino que en cómo conciben a la sociedad y en la manera en que tratan los temas que importan a la ciudadanía.

Por un lado, el caso de Alberto Plaza que acá ya fue tema en una columna. Me gustaría agregar que todo lo que consiguió, la buena fama y el buen pasar que tuvo en años posteriores (y que reflejó en cada aparición en el Festival de Viña desde su podio en 1985) lo perdió desde el día en que se sumó a la Fundación Nueva Mente y descarga su verborrea diaria en contra de algo, sean organizaciones LGBTQ, las feministas, algunos políticos, periodistas y hasta comediantes. Y en este último punto me quiero detener…

Si el intérprete de “De tu ausencia” ha pasado a hostigar duramente cada vez que puede a Stefan Kramer no fue porque se le paró una, sino que de alguna manera a él le duele que el humorista lo haya imitado en el espectacular show de Viña 2020, dejando en claro lo que la gente, la misma que lo vitoreaba en la misma Quinta Vergara, le tiene rechazo por la clase de persona en la que se ha convertido.

Kramer de alguna forma lo evidenció en su rutina, y Plaza ni siquiera ha hecho el mea culpa correspondiente porque, como buen bravucón, está orgulloso de sus actos y no cede ni un milímetro. Muchos dirán “es que él dice lo que piensa” pero el problema es que lo hace desde el odio, faltando muchas veces el respeto y pasando a llevar la dignidad de las personas.

Muy por el contrario a otra artista que ha tenido un muy buen momento en la actualidad, y más que merecido: Denise Rosenthal. La show-woman del nuevo Chile, una mujer de pueblo, que entiende mejor que nadie lo que es la realidad de muchas mujeres al igual que sus colegas artistas de género. Sin insultar a nadie, sin agraviar a nadie, sin hostigar ni maltratar a algún líder de opinión, sea de izquierda o de derecha. Cada vez que ha opinado sobre la contingencia lo ha hecho desde el respeto y el sentido de mujer, que le entrega su paso de ídola juvenil a artista completa.

Es llamativo porque cada vez que la prensa sensacionalista -que solo aparece para hablar de música solo cuando sale una yayita o una fake news- la ha intentado comparar con otra, Rosenthal ha parado en seco dejando en claro que lo suyo no es competir, sino que apoyar. Quizás el más valioso mensaje que entrega el neopop femenino chileno: El apoyo, la fraternidad, la sororidad y el respeto. Es admirable como se apoyan las unas a las otras y luchan juntas por lo que creen, sumado a su concepción de país y de la gente que las escucha.

Y lo mejor de todo es que, a diferencia de Plaza, a Rosenthal no se le ha visto jamás en un escándalo. Nunca ha sido congenia de ese mundo lleno de frivolidad, ostentación, tongos, productores perversos y genios de la polémica televisada. Jamás se ha mimetizado con el submundo del espectáculo chileno, y esperamos que no lo haga nunca. Denise, como sus colegas, ha tenido una fama 100% con las #ManosLimpias, relucientes y que llegan a brillar como sus últimas canciones, que hablan del amor, del respeto y que combaten el machismo, del que no sale “Ni un fruto”.

¿El Alberto Plaza de hoy llenaría un Movistar Arena como lo hizo Denise Rosenthal en diciembre pasado? Lo dudo. Cada vez que el baladista ha querido hacer un concierto, lo termina cancelando quien sabe por baja venta de entradas o qué. En cambio los shows de la diva pop a la chilena no tienen nada que envidiarle a los de Beyoncé, Demi Lovato, Ariana Grande, Katy Perry o los de los mejores tiempos de Christina Aguilera y Britney Spears: Calidad de nivel internacional, de esa que tanto somos partidarios en este espacio.

Plaza y Rosenthal son dos ejemplos de que mientras en un caso la polémica, la verborrea y la bravuconería terminan hipotecando años de carrera y prestigio, la otra siendo más jóven no solo es el mejor ejemplo de que la meritocracia en el espectáculo chileno si existe, sino que de eso que tanto nos gusta tener como lema en este sitio: El talento siempre vence. Y esperamos que siga ganando. Porque el talento que ella y muchas tienen, se ve que es bueno y tiene sabor.

Roberto Caamaño

Creador de TVenserio.com, viciado en música y abriendome a las series. Ah, y adicto a las selfies. Todo eso mientras no estoy trabajando.
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