La banalidad política

Se que nos hemos cansado de los políticos de antaño, de los señores de terno y corbata que mientras decían legislar para la ciudadanía recibían prebendas de grandes grupos de presión. Pero que eso no nos quite la brújula de elegir a inexpertos o tipos que tratan de parecerse a un amigo más para ganar las preferencias electorales.

Queda una semana para las trascendentales elecciones generales y ya es una verdad establecida que los medios tradicionales han cedido un espacio trascendental dentro de la preferencia del público hacia las redes sociales. Esta es la elección donde una red social ha pasado a ser la favorita dentro de los presidenciables, nos referimos a TikTok, aplicación cuya esfera de influencia se encuentra en los grupos más jóvenes de la población.

Que los líderes políticos usen estas plataformas no significa que estén cometiendo un error, todo lo contrario, es importante que estos liderazgos se acerquen a públicos esquivos en las esferas de decisión y que no se sienten representados por la actividad política. El problema incurre en otro factor, la forma de cómo estos candidatos se congracian con los potenciales votantes a través de estas redes.

Y aquí vemos el reparo, los candidatos literalmente hacen de todo para ganar atracción en estas plataformas, desde piruetas aeróbicas, hasta desenfrenados bailes. Que les ha ido bien en alcanzar conocimiento público y hasta acarrear simpatías, no quepa ningún grado de dudas, lo que preocupa es que estos líderes políticos parecen cualquier cosa antes de ser los personajes indicados para ser los líderes de un país.

Tal vez peque de tonto grave, pero si hay un problemas de estos tiempos tan mediatizados es que se le pierde la importancia de la seriedad en asuntos relevantes, el político no tiene que ser igual que el vecino de la esquina para convencer al público, incluso debe tener cualidades superiores al promedio de los mortales para poder liderar una comunidad de ciudadanos, hemos corrido demasiado el cerco de la horizontalidad de los mandos para caer en situaciones que se acercan a la vulgaridad, con el solo hecho de ganarse unos votos, a veces, más de los que nos imaginamos.

Además veo que en esta “vulgarización” de las conductas hay una errónea percepción de lo que la ciudadanía busca de sus representantes, estos no buscan necesariamente alguien que sea un semejante sino buscan personas con capacidad de mando y liderazgo para afrontar problemas complejos, no están buscando un individuo que baile bonito, que se sepa las canciones del ídolo de moda o se mimetiza fácilmente en las ferias los días domingo, sino que busca algo fundamental; un líder.

Se que nos hemos cansado de los políticos de antaño, de los señores de terno y corbata que mientras decían legislar para la ciudadanía recibían prebendas de grandes grupos de presión. Pero que eso no nos quite la brújula de elegir a inexpertos o tipos que tratan de parecerse a un amigo más para ganar las preferencias electorales. Tenemos que evaluar bien las conductas de nuestros representantes y que el personaje no termine devorando al representante de la ciudadanía a través decandidaturas monotemáticas o haciendo el ridículo en redes sociales. Para construir una mejor sociedad es necesario también un mejor ejercicio del elector en el momento de elegir un representante, y eso involucra estudio, análisis e información. La vida en comunidad tiene un precio, y ese precio buscar personas idóneas para la gobernanza de esta vida en común, y esa responsabilidad es compartida tanto para los que resultan electos, pero también para los que elegimos, y para aquello es tan fundamental la información, tenemos el deber de informarnos, para así elegir bien y no caer en el marasmo de las caras bonitas y de los candidatos “buena onda” que terminan casi siempre en francas decepciones.

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Hugo Cares

La televisión me gusta por rebote, me interesa conectar la importancia de la televisión como un medio masivo y sus nexos al poder.