En medio del intenso debate sobre el futuro de Televisión Nacional, brotan en ciertos sectores el temor que la televisión pública deje de emitir contenidos masivos, como series o programas de entretenimiento. Asumir que una estación se enfoque hacia la divulgación cultural, académica e informativa quitará masividad a la estación pública es una falacia.
La televisión por antonomasia debe ser masiva, su misión es atraer contenidos a vastas proporciones de la población, sea tanto en un sentido territorial como etareo. Aquella programación que busca ser enfocada a las élites (sean económicas como intelectuales) va destinada a un fracaso, porque no entiende que la televisión debe llegar a públicos masivos.
El problema es que la masividad se mide de una manera injusta con ciertos contenidos, sobre todo los culturales. Cuando un contenido con mayores pretensiones no tiene los puntos de rating alcanzados por espacios de entretenimiento se pretende levantar que es un fracaso de sintonía y pierde atracción por parte de los avisadores comerciales. El problema aquí es que hay diferentes clases de masividad, algunas mayores y otras menores, un programa con pocos puntos de rating de todos modos alcanza a cientos de miles de teleespectadores. Si nos ponemos a pensar bien, si un espacio de divulgación alcanza 3 puntos de rating logra un alcance de varios cientos de miles de personas, cantidades muy superiores por sobre las visitas de museos o espacios culturales, además se expone a una trasnversalidad, tanto territorial como sociocultural que ningún otro medio podrá alcanzar, sólo que la medición privilegia las masividades más masivas con un evidente interés comercial-publicitario.
Queda claro por estas razones que la televisión pública que se pretende desarrollar a futuro, si pretende ser un servicio de extensión divulgativa y de información por sobre un canal generalista (lo que es TVN hoy) debe abandonar el financiamiento comercial al menos de una forma parcial, porque los criterios de medición privilegia grandes números por sobre espacios que generan fidelidad en el público y que alcanzan masividad, pero no son lo suficientemente “masivas” para los avisadores. La finalidad cultural de la televisión pública implica también realzar un servicio que los otros no hacen por obstáculos comerciales, es por tanto que la nueva legislación del ente público debe comenzar a depender menos del avisaje publicitario.
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